El hombre fetichista (viii)

COMPÁS DE ESPERA

Carolina recorrió la estancia con curiosidad ante la mirada divertida de Miguel. El apartamento, un loft en Serrano, tenía la practicidad de un piso de soltero y la elegancia y sofisticación de un hombre que sabe lo que quiere. Todas las dudas acumuladas ante su invitación se desvanecieron frente a la posibilidad de indagar un poco más en el enigma que era Miguel. Pero no podía olvidar la razón principal por la que estaba allí.

¿Dónde quieres que me desnude? —preguntó, clavando en él sus ojos verdes y directos.

Él señaló la zona habilitada como salón, amplia y cómoda, y la invitó a sentarse con la manera reservada y distante que usaba siempre que se dirigía a ella. Carolina no se amilanó, sabía que pronto lo tendría comiendo de la palma de su mano.

No, Carolina. Hoy quiero que nos lo tomemos con calma, que hablemos un poco. —Miguel sonrió de manera casi imperceptible al ver la fugaz expresión de desilusión que cruzó el rostro de la joven—. Tenemos que reconducir esto. La semana pasada…se nos fue de las manos.

miguel pensandoElla asintió, sopesando sus palabras. Tenía razón. El encuentro anterior había sido tórrido, casi demencial. Seguía dándole vueltas a cómo Miguel conseguía excitarla tan solo con ponerla en situación, y sabía que para él también había sido una experiencia intensa. El manchón en sus pantalones al abandonar la habitación fue una prueba flagrante que lo delataba sin dejar lugar a dudas.

De acuerdo. Supongo que tienes razón. —Se sentó frente al gran ventanal, en la butaca que él le señalaba y dejó vagar la mirada por la preciosa vista del centro de la ciudad.

Tengo esto para ti. No quiero que malinterpretes el gesto, pero creo que es necesario. —Le tendió un sobre con el logotipo fácilmente reconocible de un hospital y ella lo recogió, sorprendida—. Estoy sano. Los análisis son de esta semana. Sé que no puedo exigirte nada, pero quiero que consideres hacerte un chequeo tú también. Si es que no lo has hecho ya, claro —añadió con tono de disculpa.

Carolina frunció el ceño. ¿Analíticas? ¿Malinterpretar el gesto? Negó con la cabeza, confundida.

Miguel…creo que no te sigo. ¿A qué te refieres?

Él se tomó unos segundos para contestar. Sus ojos oscuros se tornaron más brillantes y sus labios se apretaron en una línea de determinación.

Tarde o temprano vamos a acabar en la cama, Carolina. Prefiero que quede todo claro en frío, y antes de dejarnos llevar.

Ella se envaró ante la fuerza de su voz. El tono grave, que parecía nacer del fondo de su pecho, la excitaba. La mirada directa que mostraba, sin ápice de duda, que la deseaba y que sólo era cuestión de tiempo que la hiciera suya. Que los milímetros que habían separado sus bocas eran metafóricos, porque sus cuerpos ya habían experimentado las sensaciones que se generaban el uno al otro. Tarde o temprano. Parecía ineludible.

Te refieres a las enfermedades de transmisión sexual —murmuró Carol, rebajando la tensión del momento. Miguel asintió, abriendo las manos en un gesto de disculpa.

Siento ser tan prosaico, pero es importante.

—Claro —respondió ella, sin elaborar. ¿Qué estaba haciendo en casa de Miguel, entonces? No tenía ningún sentido quedarse—. Me haré los análisis esta semana. Supongo que tendré los resultados para el viernes que viene. —Se levantó de la silla, incómoda. Se sentía más expuesta ahora que en todos los momentos en que se había exhibido desnuda frente a él—. Hablamos durante la semana.

¿Dónde vas, Carolina? —demandó él, de nuevo esa sonrisa tenue pendiendo de sus labios.

Me marcho. No tiene mucho sentido que me quede si no… —se detuvo, sorprendida de cómo Miguel se echaba a reír, escondiendo los labios detrás de sus dedos.

Tenemos una cita, Carolina. ¿Me vas a plantar en mi propia casa? Creo que eso nunca me había ocurrido — reconoció, con gesto sorprendido—. No te marches, por favor. Disfruto mucho tu compañía, al margen de poder disfrutar la visión de tu cuerpo.

Carolina se retorció los dedos en un gesto ya familiar para él, que delataba cuando estaba nerviosa. Movió la cabeza afirmativamente cuando él le ofreció una copa, y poco después compartían un Gintonic frente a la terraza. Hablaron de todo y de nada. Los dos evitaban con maestría las preguntas personales, y daban respuestas amplias y no comprometidas. Carolina sorprendió a Miguel mirando su reloj de pulsera un par de veces, y sin saber por qué, el gesto la irritó.

Será mejor que me vaya —dijo al fin, dejando la copa vacía sobre la mesa—. Veo que tienes prisa.

miguel y carolina abrazadosNo pudo evitar cierto tono acusador. Estaba tensa, envarada. No tenía consciencia de haber procesado nada de la conversación. Sólo se había fijado en los labios de Miguel al hablar, en las manos masculinas y sus movimientos sensuales, y en el aroma de la ginebra mezclado con el de su perfume. El deseo destilaba desde el centro de su cuerpo sin que él diera ningún indicio de sentir lo mismo. Carolina lo prefería vulnerable, envuelto en lujuria, y desprovisto de esa contención que rayaba la frialdad. Se sentía más incómoda así, con la ropa puesta pero sin saber lo que pensaba, que desnuda frente a él y teniéndolo a su merced.

No, no tengo prisa. Es sólo… —se detuvo y pareció ponderarla con la mirada—, que en unos minutos he quedado con unos amigos. Aquí. En casa.

En ese caso, será mejor que me vaya —murmuró Carolina, desconcertada. ¿Por qué demonios no le había dicho nada? —No quiero molestar.

Me preguntaba si te gustaría quedarte para la velada, pero debo advertirte que es un poco especial.

Ahí estaba de nuevo esa mirada lasciva, con los ojos oscuros casi mates y la sonrisa perversa.

¿A qué te refieres?

Quizá es mejor que te vayas.

—Miguel, si no me quieres aquí no tienes más que decírmelo —contestó, levantándose de la silla, enfadada. Tenía la desagradable sensación de que jugaba con ella. De que la excluía porque, por algún motivo, no creía que diese la talla. Él percibió su enfado y la aplacó, sujetándola del antebrazo.

No te vayas, por favor. La razón por la que tengo mis reservas es que en estas reuniones compartimos algo más que copas, charla y algo de picar.

¿Te refieres a que tenéis sexo? ¿En grupo?la curiosidad y la excitación de Carolina barrieron la irritación. Se mordió los labios, considerando las posibilidades—. Quiero quedarme. Quiero participar. Mirar, quiero decir —añadió con rapidez, casi disculpándose.

Miguel la observó sin moverse durante unos segundos eternos. Justo en ese momento, el timbre sonó, coartando la oportunidad de obtener de él una respuesta. Carolina no se movió de donde estaba. Si quería que se marchara, tendría que decírselo de manera directa. Estaba demasiado intrigada por la oportunidad de vivir algo así como para perderla sin, al menos, mirar.

Espera aquí. Puedes quedarte. Pero no podrás participar —dijo finalmente Miguel, al levantarse para abrir la puerta.

Una pareja joven, ambos muy atractivos, entró a la estancia junto a Miguel. Carolina los estudiaba sin perder detalle desde su posición algo apartada. Aspiró con violencia al ver que Miguel saludaba a la mujer con un beso en los labios, y acariciaba con el dorso de sus dedos la protuberancia definida de un pezón bajo la tela de seda. Estrechó la mano del hombre con cordialidad. Intercambiaron unas palabras que no pudo escuchar y una risa femenina y coqueta rompió el silencio que llegaba hasta ella.

Miguel los trataba con una calidez que jamás había mostrado con ella, y sintió, desconcertada, la bofetada de los celos. Sacudió la cabeza con incredulidad. Miguel no le pertenecía. Su subconsciente luchaba contra los convencionalismos que lo ataban a ella por haber compartido erotismo e intimidad. Carolina tuvo que aceptar que le costaba desligar lo vivido de cierto sentimiento de posesión. Quizá ese era el motivo de que Miguel se mostrara frío y distante con ella. No quería darle motivos de confusión.

Carolina se levantó cuando Miguel se acercó, rodeado de sus amigos. Esbozó una sonrisa vacilante e intercambió un par de besos con ambos. Ella, Silvia, exudaba una elegancia decadente. Él, Marcos, era puro erotismo y lujuria. Llevaba el pelo rubio y largo suelto sobre los hombros y una camisa negra y estrecha que le daba una imagen andrógina, ambigua. Ella llevaba un vestido de seda color crema que no dejaba nada a la imaginación. Los pezones se erguían enhiestos bajo la tela. Estaba segura de que no llevaba ropa interior.

miguel carolinaMiguel se disculpó para abrir la puerta de nuevo, y Marcos sirvió una ronda de Gintonics. Charlaron de banalidades hasta que Miguel volvió, acompañado de dos hombres más. Tanto Silvia como ella notaron la caricia de las miradas masculinas. Miguel se sentó junto a ella, muy cerca, y Carolina apoyó la mano sobre su hombro buscando reafirmarse. Se sentía excitada por la situación, pero también intimidada.

¿De dónde sales tú, Carolina? —preguntó uno de ellos en tono afable, tan solo mostrando curiosidad—. Miguel es muy cerrado en sus afectos, y ver una cara nueva aquí es toda una sorpresa.

Carolina modela para mí. Lencería y otras prendas —explicó Miguel, adelantándose al ver que ella no respondía.

¡Ah, viejo fetichista! ¡Qué suerte tienes! —prosiguió Marcos, recorriéndola con la mirada. Se detuvo en su escote y deslizó los ojos azules hacia sus pies—. ¿No querrías mostrarte también a nosotros? Eres muy bella.

La simplicidad y la franqueza con que lo dijo, las miradas apreciativas de los cuatro hombres, junto con la sonrisa alentadora de Silvia, hicieron que Carolina se planteara seriamente desnudarse ante ellos. Se volvió hacia Miguel. De algún modo, necesitaba su aprobación. El la observaba con admiración y sus labios llenos se curvaron en esa sonrisa que provocaba en Carolina un deseo irracional de morderle la boca.

—Tu decides, Carolina. Tengo un conjunto nuevo guardado para ti, si quieres hacerlo.

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Mimmi Kass Written by:

4 Comments

  1. Rebeka October
    20 Febrero, 2016
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    Soberbio, como siempre. Genialmente escrito. Atrayente, erótico, sensual y con la tensión justa para dejarnos con ganas de más.
    Deseando leer la continuación.
    Un beso.

    • 25 Febrero, 2016
      Reply

      ¡Hola, guapísima! Carolina tendrá que luchar con sus prejuicios y convencionalismos para enfrentar lo que viene. ¿Lo logrará? Muchas gracias por tus palabras, y un beso enorme.

  2. Manuel
    21 Febrero, 2016
    Reply

    ¡me gusto!, inesperado totalmente este capítulo; no se, esperaba algo diferente, para ser sincero, llegue a pensar que en este capítulo iban a la cama sin tocar “baranda”, como decimos acá en México; pero bueno, no es que me haya desilusionado la idea de este capítulo, al contrario, supero mis propias expectativas y sin redundar, me dejo más expectante… creo que me estoy familiarizando con Miguel y Carolina, por un momento me senti dentro de aquel departamento con Miguel, Carolina y los “amigos” de Miguel Saludos

    • 25 Febrero, 2016
      Reply

      ¡Hola, Manuel! Me alegra que hayas podido involucrarte con la historia y vivirla de cerca. Carolina y Miguel no necesitan irse a la cama, disfrutan de manera agónica y refinada, y veremos si llegan a culminar sus encuentros con algo más. Un beso, y gracias por pasarte por aquí.

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