El amor es la cuerda

Viene San Valentín y, queramos o no, el manido tema del amor sale de nuevo a la palestra. Mucho se dice sobre él, y últimamente, es denostado y vapuleado. El amor está demodé. Parece incluso que no existe. He leído este libro, que afirma que dura tan sólo tres años. Comentándolo con un amigo, sentencia, sin ruborizarse, que “la idea del amor como chispa que brota en un determinado momento e ilumina todo lo demás, otorgándole sentido, es uno de los constructos culturales más eficaces a la par que tramposos que se hayan dado jamás”. 

amor-es-lcuerda-1No puedo evitar leer cierto cinismo despechado en estas palabras, y ante este clima, que parece general, me gustaría daros mi visión particular: lo que este autor y mi amigo describen, y que es tan viejo como el hombre, no es una invención cultural, es… enamoramiento. Encoñamiento. Una parte ínfima del proceso. Podría hablaros de los arquetipos amorosos de la psicología social, o a la teoría triangular del amor de Sternberg, pero en un ejercicio sobrehumano de mi (inexistente) capacidad de síntesis, me quedo con mi propia definición, pragmática, prosaica, y simple.

EL AMOR ES LA CUERDA

Cuando escucho o leo “amor”, no pienso en la emoción maravillosa que te envuelve junto a otra persona, a la que te ligas en cuerpo y alma y compartes un proyecto futuro, más o menos predecible. No. Yo pienso en otra cosa. Pienso es una cuerda, entre dos (o más) personas que la sostienen, construida con hilos de distintas calidades. Esta cuerda representa una unión que, dependiendo de lo invertido en ella, será fuerte o no.

Esos hilos pueden ser positivos: la sinceridad, la complicidad, el buen humor, la asertividad, la empatía, la fortaleza… o pueden ser negativos: la dependencia emocional, el vampirismo, la pasividad -agresividad, la culpa, la rutina, el sentimiento de deuda o la costumbre. Pero sobre todo, la hebra principal, es la voluntad consciente y asumida de querer seguir tejiendo dicha cuerda. Que elijamos las calidades mejores en los hilos también es cuestión de responsabilidad y voluntad, aunque es cierto que también influyen otros factores, más relacionados con el ambiente que nos rodea y, ¡qué le vamos a hacer!, también con la suerte.

Pile of old weathered nautical ropes on dock, close up. Key West harbor, Florida.

Si las hebras son de calidad, cuando haya tiranteces en ella, resistirá porque está construida sobre una base sólida de inversión positiva. Si la cuerda esta tejida con hilos endebles de sentimientos falsos o tóxicos, la cuerda se romperá.

A mí me envuelve un sentimiento ominoso de catástrofe cuando veo parejas que aseguran que su cuerda resistirá ante un problema serio, confiándose al amor que se tienen y dejando a la deriva la cuerda. Craso error. El amor es la cuerda.

Es entonces cuando hay que hacer el ejercicio de voluntad, ser sinceros con nosotros mismos y decidir de manera consciente si queremos seguir tejiéndola. La cuerda puede debilitarse, como cuando se dejan las sogas de los barcos a la intemperie, se van deteriorando ante las inclemencias del tiempo, el sol, la sal, y el abandono. O se deja caer y se olvida, se la lleva el mar, y solo nos queda su recuerdo. O se corta sin piedad por la mitad, si el motivo así lo requiere. Y, para que conste, y bien doloroso que es tomar conciencia de ello, la cuerda no es para todos. A veces no interesa invertir en ella. O no nace hacerlo. O se reniega de la cuerda.

Cuando la cuerda se teje, una de las hebras de acero es el sexo. Titanio. No. Mejor, adamantium. La entrega se realiza desde una base de confianza ciega, de conocimiento completo de quién es el otro (en ese momento fugaz, ojo, quizá en un mes sea distinto), de depositar un sentimiento y una vivencia tan sumamente íntima como es el placer en el sexo, sea otorgarlo o recibirlo, en alguien que lo es todo. Que entiende la esencia de mi necesidad, y la propia, desde la perspectiva de lo compartido en el día a día, y que con sólo mirar cómo entro por la puerta al llegar del trabajo interpreta mi humor. Que me acepta con todas y cada una de mis miserias. El sexo hay que cuidarlo mucho. Es una hebra fundamental.

LA CULPA ES DEL “CORTINGLÉS”

¿No os gusta mi metáfora de la cuerda? ¿Demasiado mecanicista? El caso es que el amor se ha trasformado hoy en día en un concepto tan amplio, que se ha prostituido en el peor de los sentidos. De ahí el escepticismo y el cinismo que se muestra ante su mención: ahora vale para cualquier cosa. Se mata en su nombre, se chantajea emocionalmente, se maltrata…

Esta supuesta carga que la sociedad y la cultura imponen en la constelación que rodea al amor y en nuestros tristes hombros, me genera un tremendo arrugamiento de nariz. ¿Por qué le endilgamos las culpas de nuestras cojeras mentales y emocionales a la educación, la cultura, la inercia de los siglos, o peor, a la religión? Yo, ante esto, saco mi alma revolucionaria y me rebelo. NO. Me niego. Lo que pienso y lo que siento podrá estar modelado por mi educación, crianza y sociedad, pero es MI responsabilidad cambiarlo si me produce una fractura porque algo no me cuadra, porque intuyo que hay algo más que el marco teórico que me ha sido dado, o porque simplemente no me conformo. cuerda 4

Hay que tomar las riendas de la propia vida. Si me limito a existir y a sentir dentro de dicho marco, más o menos estrecho, la culpa es mía y sólo mía porque poder ampliarlos está ahí, al alcance de la mano, de la conversación con alguien interesante, de un billete de avión a un país desconocido, de la primera página de un libro o de un click de ratón. Mis estrecheces son mi culpa, y allá yo si no soy capaz de ser lo suficientemente inquieta e inquisitiva como para ir ampliándolos. Y esto vale también para el sexo, aislado de la experiencia del amor.

Me tenéis que perdonar, ¡otra vez me voy por las ramas!, pero es que me resulta tan cansino el debate de que «el infierno son los otros», que suelto mi desahogo en cuanto tengo oportunidad, porque en realidad el infierno está en nosotros mismos. Así que, no. El amor es el amor según mi propia experiencia, que considero enriquecedora, con sus luces y sus sombras y con sus reveses. No algo que me viene impuesto por una inercia social.

¡Ay, el amor! Único en sí mismo. Pulsión primitiva y primal de EXISTIR. ¿Amo, luego existo? ¡Mierda, lo he vuelto a hacer! De nuevo, desvarío. No, o tal vez, pero es mucho mejor, y será más duradero, si lo sostienes con un trabajo diario: tejer la cuerda.

Otra vez la cuerda. Ay, la cuerda. ¡Qué enrevesada, ecléctica, mestiza y bastarda es!

¿HILOS IMPERFECTOS? NO IMPORTA

Vuelvo a la cuerda. Hablemos de hilos importantes: lealtad, sinceridad y protección. Hilos que pueden tener una doble lectura. La lealtad por supuesto que es necesaria, pero también es cierto que la vida de pareja, (hablo esta vez de pareja monógama), está poblada de pequeñas traiciones, sobre todo por egoísmos necesarios para conservar los espacios propios. Lo mismo ocurre con la sinceridad, muchas veces sobrevalorada: ¡benditas sean las mentirijillas piadosas o las omisiones voluntarias en pro del primum non nocere! cuerdas 3

Ni siquiera se salva el cuidar/proteger/velar porque, en ciertos momentos, vas a tener que dejar ir a la persona amada para que viva, cometa errores y se estampe contra la pared que tú ves perfectamente pero que parece que el otro no. Esos hilos son positivos, y fortalecen el vínculo. Tejamos la cuerda con hilos de este tipo, aunque sean imperfectos. En el amor constelan tantos defectos como virtudes, porque es humano, pero no por esa menudencia vamos a dejar de tejer.

No lo puedo evitar… antes de marcharme, os cuento sobre el triángulo de Sternberg: intimidad, pasión, compromiso. A partir de estas tres variables, define el amor haciendo hincapié en que es imposible que se dé una relación perfecta de amor. Pero ¿quién quiere perfección? A mí me parece una aproximación muy válida.

triángulo amor sternbergQuizá el problema esté en que, hoy en día, se le da más importancia a la pasión y la intimidad que al compromiso, que es lo que finalmente refuerza la relación. No hablo de matrimonio ni papeles. Hablo de la cuerda. Teje la cuerda si quieres que sea por largo tiempo. Déjala a la deriva si estás agotado. Córtala con una katana si existe una traición sin vuelta atrás. Pero todo tendrá sus consecuencias. La cuerda está viva. Lo que hagas influye en cómo respira, y también lo hace en el que sostiene el otro extremo.

UNA REFLEXIÓN FINAL…

El amor ha perdido su claridad de conciencia, la que nos recuerda que, quien ama de verdad, es un ser libre que se entrega por voluntad propia. El amor más romántico, el que está más extendido, enturbia la experiencia desnuda, y condiciona la vivencia y la expresión del sentimiento bajo una serie de etiquetas que lo encasillan y lo asfixian. Cada uno tiene las suyas: religión, educación, convencionalismos sociales…

Solo una vez despojados del cepo mental y emocional que nos mantiene atrapados al concepto idealizado de hoy en día, podremos acceder al estado de libertad que nos permita experimentar el sentimiento primario, desnudo y sin aderezos. Brutal y demoledor incluso, del amor.

Cuerdas 1Enamórate y déjate caer con todo, pero si llega al periodo más sosegado, teje la cuerda. Tira del carro y sujétala con fuerza. Unas veces te tiene que tocar a ti. Otras veces le tocará a la otra persona. Lo ideal sería hacerlo en equipo, pero los momentos vitales de cada uno también cuentan y hay que respetarlos. Hay veces que no se ve el problema, o no se tienen fuerzas, o hay que centrarlas en otras cosas que no sean la cuerda. Pero si el otro la sujeta, no se corre el riesgo de que quede a la deriva. Ya tocará devolver la mano, la vida pone múltiples oportunidades para ello. Es así.

Entrega un 60% y espera un 40%: la ley del fifty-fifty no sirve en el trenzado. Si todas las hebras miden exactamente lo mismo, queda una zona muy vulnerable en los puntos de encuentro, situados todos alineados en el medio. Elige qué batallas luchar, y dónde ceder.
Y como siempre digo, no dejes que te lo cuenten: vívelo. Que no te impongan desde fuera una definición envasada, ni siquiera la mía de la cuerda. Construye la tuya propia, monomango o polialcachofa (de esto hablaré en otro post), y téjela con valentía.

Con cariño,

©Mimmi Kass.

En un tema tan personal, estoy segura de que puedes aportar algo: ¡tus comentarios son bienvenidos! Si estás de acuerdo, en desacuerdo o quieres abrir debate, ¡comparte! Estoy segura de que las conversaciones al respecto, como me pasó a mí, no tendrán desperdicio.

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Mimmi Kass Written by:

2 Comments

  1. 13 febrero, 2016
    Reply

    Hola Mimmi. Como siempre, felicidades por la entrada. Y como siempre también, de acuerdo pero…con matices.
    Me gusta mucho tu definición de la cuerda. Cuanto más solida y cimentada en buena base está la relación, más difícil es que ésta se rompa, esto creo que es comprobable. Todos evolucionamos, como personas e individuos, si esa evolución es posible al tiempo en la pareja, no habrá problemas, sino es así, mmmmm difícil.
    “Enamoramiento” La propia palabra lo dice: en-amor-miento. Ahí lo dejo cada uno que piense lo que quiera.
    Lo del Corte Inglés…a alguien le queda duda aún de la veracidad de lo dicho? Por eso cada día me gusta menos un sAN vaLENTÍN comercial. ME gustaba la sensación creativa, artesanal y pura de los buzones en el instituto, en la que jugábamos a escribirnos cartas.
    Sobre todo muy de acuerdo con la reflexión final. Dejémonos de definiciones de los demás, que no nos lo cuenten, apostemos, impliquemonos, luchemos y hagamos nuestra propia definición, porque ninguno somos igual, aunque nos parezcamos.
    A pesar de ello, la idea romántica del amor, me sigue pareciendo genial. Quizá tener a Cyrano como héroe pasa factura ;P
    Besos.

    • 15 febrero, 2016
      Reply

      ¡Oh, Cyrano! qué bonita historia de amor, aunque también triste. Muchas gracias por pasarte por aquí, José Carlos. El tema que mencionas de la evolución al tiempo es un punto interesante. Podrían decirse muchas cosas, pero en la teoría de la cuerda menciono que, durante un tiempo, es esperable que solo uno de los que la sostienen tenga que trabajar en ella, porque la otra persona está inmersa en una situación de crisis (tomada la palabra como crecimiento, no como ruptura) personal, y precisa de tiempo para tejerse a sí mismo.
      Si no es durante un tiempo excesivamente largo, creo que es posible. Aquí entran en juego otras características, como la paciencia, y la capacidad de ver la evolución de la otra persona como algo que aporte a la cuerda y no como una amenaza. La evolución siempre supone un presunto peligro de quiebre de la cuerda, se producen tensiones, se desvelan facetas de quien la sostiene junto a nosotros que hasta ese momento no conocíamos, y se abren espacios en que conoce gente nueva, hace actividades diferentes y llena los vacíos que motivaron dicho cambio.
      Creo que hay que tener paciencia y esperar. Al menos por un periodo, y no precipitarse. Si la cuerda y la persona junto a la que la sostienes valen la pena, uno puede mantenerse a la expectativa, apoyar a la otra persona en su viaje y aprovechar la experiencia dentro del respeto al espacio del otro. Acompañar, pero no invadir. Es un equilibrio difícil, y no todos lo consiguen. Tampoco es culpa de nadie si la cuerda se desvanece. Quizá no era su objetivo permanecer por mucho tiempo, y eso da la oportunidad de tejer otras cuerdas nuevas. Mientras seamos honestos con el otro y con nosotros mismos, cualquier desenlace es válido. Un beso enorme y ¡que vivan las cuerdas! 😀

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