Mi erotismo: aromas y sexo.

-¿Por qué tiene que ser sobre erotismo? ¿No podrías hacerlo sobre esquí, o de equitación, o…?

Imaginaos a un hombre, recientemente cuarentañero, que mira a su mujer con cara de que probablemente se ha vuelto loca o, al menos, un poco frontalizada. Añadid también un gruñido fastidiado, un entrecejo fruncido y un mohín un poco displicente.

Yo miro al techo y me armo de paciencia. En realidad tiene razón, podría haberlo hecho de cualquiera de las miles y eclécticas áreas de interés que conforman mi tiempo de ocio, pero hace tiempo que le doy vueltas y ya está decidido. Por lo  demás, el motivo es sencillísimo.

-Porque me apetece.

Vaya. ¡Qué decepción! No hay un motivo oculto, morboso o escabroso, ni un trauma en la tierna infancia, ni deseos insatisfechos…nada. Soy terriblemente prosaica, en realidad, y mi única motivación son las ganas de exteriorizar una faceta que hasta ahora, bueno… “sort of”, ya me entendéis, había pertenecido única y exclusivamente al ámbito de lo privado.

Lo bueno de mi muso es que, por un lado, sabe que cuando se me mete algo entre ceja y ceja no hay manera de desviarme de mi camino. Por otro lado, pese a que pueda mostrarse reacio y que siempre, siempre, es sincero con lo que piensa, suele apoyarme en mis locuras. Hacemos un buen equipo, (si, en eso que estáis pensando también, mi muso es un amante pistonudo, a parte de mi marido).

Así que me lanzo habiéndolo puesto sobre aviso porque, aunque escriba aquí con mi seudónimo literario, y aunque nunca vaya a delimitar exactamente qué es realidad y qué fantasía, muchas cosas lo van a involucrar a él….es más…estoy pensando que le voy a pedir colaboraciones. El punto de vista masculino siempre es interesante, y siempre está bien aprender más sobre tu muso.

cuello-aroma-perfumeY… ¿qué es el erotismo?

Como no falta el que de manera petulante te la puntualiza, voy a ahorrarles el comentario y pongo ya para empezar la definición oficialmente aceptada de la R.A.E:

Erotismo.

(Del gr. ἔρως, ἔρωτος, amor, e -ismo).

  1. m. Amor sensual.
  2. m. Carácter de lo que excita el amor sensual.
  3. m. Exaltación del amor físico en el arte.

Dejo aparcado al amor, por el momento, y dejo también el arte para quedarme con la segunda acepción y aquello que excita. Lo que pone. Lo que hace que la pelvis se transforme en lava, acelere el recorrido de la sangre en las venas y que los pezones se contraigan hasta el dolor por la necesidad de que les presten la debida atención. ¿Sabéis a lo que me refiero? Seguro que ahora mismo estáis pensando en algo en concreto…pongo la mano en el fuego, vamos, reconocedlo con sinceridad. Ahora mismo mi lado más voyeur daría lo que fuera por mirar a la parte más calenturienta de vuestras mentes por un agujerito. Pero como no puedo, me conformo con satisfacer el lado exhibicionista y daros una pincelada de lo que yo pienso. Mi Erotismo. Recalcando el adjetivo posesivo porque es lo mío propio. In my humbold opinion. Sin sentar cátedra ni dar lecciones. Simplemente lo que a mí me resulta apetecible.

Hecho este pequeño, pero necesario inciso, sigo con lo que quiero destilar. Aquello que excita. Y no hablo del maromazo con la tableta de chocolate, los labios carnosos y la mirada de “te voy a dar lo tuyo y lo de tu prima”, que también se hará, en su momento. Ahora me apetece incidir en cosas más sutiles, más…sencillos, si queréis, pero que despiertan tus instintos más viscerales. Hablo de los sentidos: olores, sabores, tactos, sonidos, imágenes pero también de “cómos”, “cuándos” y “dóndes”, tal vez “porqués”.

Mujer-oliendo-a-hombrePor ejemplo, y para empezar a meternos en materia, ¿a quién no le ha pasado alguna vez, saludando a una persona, que al intercambiar el par de besos de rigor ha inspirado por pura casualidad y se ha encontrado con un aroma simplemente… brutal? Un olor que sature las fosas nasales, que te haga entreabrir la boca para percibirlo mejor con la ayuda de la lengua y que se te haga agua del hambre, activando esa extraña corriente que parece unir en una autopista de efervescencia todos y cada uno de los núcleos del placer y de paso, de cada uno de los orificios de tu cuerpo. Ese tipo de olor.

A mí me pasa con algunas colonias masculinas. Mientras otras me dejan frías o incluso, me repulsan por lo fuertes, “L`Homme” de YSL, por elegir una de mis favoritas, se me sube a la cabeza como un buen vino blanco. Hace que se me olvide por completo lo que iba a decir (probablemente un “encantada de conocerte” o algo así), y balbucee algo ininteligible mientras identifico el reflejo condicionado que me hace, aparte de humedecerme los labios, humedecer otras zonas más centrales de mi cuerpo y tenga que llamar al cerebro a filas.

homme-perfume

Dicen que el olfato es el sentido más primitivo, y por lo tanto, que esta reacción no es extraña, pero a mí siguen resultándome curiosas las traiciones de mi cuerpo al percibir ciertos aromas y lo que evocan: el olor salado del sudor limpio, el café recién hecho de la mañana, el aroma a “champán y fresas” del lubricante que utilizamos, o el que desprende la almohada del muso cuando me quedo sola en la cama y él ya se ha levantado.

Por otro lado, también sé muy bien lo que evoco y busco en el contrario cuando le doy al pulsador de alguno de mis perfumes. “¿Quieres guerra?”, me pregunta a veces. Yo lo miro como si no tuviera ni idea de lo que está hablando, pero nos conocemos hace tantos años que ni yo me lo creo, pese a que el juego manido siga teniendo su gracia aún después de más de una década. Y que dure…

Forma parte del ritual que aplico cuando, como dice él, “busco guerra” y que algún día abordaré con profundidad, pero en lo que se refiere al perfume, vaporizar una nube y avanzar en ella da sus resultados, pero sobre todo, depositar unas gotas, (gotas, no litros), en sitios estratégicos donde sé que la nariz de mi muso se va a pasear antes de que acabemos pidiendo tregua: en el cuello, en la nuca, en el hueco del brazo, en el escote, en la parte baja de la espalda o tras las corvas. Esas son mis zonas ganadoras. ¿Y en la entrepierna? No. Personalmente, no. Es el aroma erotizante por excelencia y nunca, nunca lo escondo. Hay quien perfuma la ropa interior, pero yo no soy partidaria, primero porque probablemente no sea nada bueno para el encaje y otras telas, y por no perder la magia del olor propio de tu sexo.

¡Que latosa soy!, ¡todo esto para decir que me ponen algunos olores!

Pues lo dejo aquí y me voy a buscar ahora mismo la camisa que ha llevado hoy mi muso…

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Mimmi Kass Written by:

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